Que es el lenguaje musical

Que es el lenguaje musical

Lenguaje del silbato

Hola a todos. Hace poco estuve escuchando un podcast que me resultó muy emocionante. El podcast era el Radiolab de Nueva York. Es un gran podcast semanal, lo disfruto mucho. Y este episodio en particular se llamaba Lenguaje Musical. Ahora, aquellos de ustedes que saben un poco acerca de mí, sino más bien en el canto y la música. Estudié clases semanales de canto clásico durante más de una década, y eso realmente informa mi enfoque de la enseñanza de la pronunciación. Este es un extracto de ese podcast.

Y esto es exactamente lo que intento hacer con mis ejercicios de imitación. Si los has visto, sabrás que repito algo tres veces, una frase o parte de una frase, y luego habrá un hueco para que lo repitas. Y espero que en ese bucle, saques tu mente de “estas son las palabras que quiero decir”, y pongas tu mente en “esto es lo que he escuchado el tono, el ritmo, la melodía, y lo vuelvas a escupir exactamente de la misma manera”. Cada idioma tiene su propia musicalidad. Y si aprendes todas las partes correctas de la pronunciación, pero sigues haciendo esas partes de la pronunciación americana dentro del lenguaje musical de tu lengua materna, seguirá faltando algo.

El lenguaje tonal

Cada entrada de nuestros sentidos es un estímulo que podemos interpretar como información[1] y del que podemos obtener más información. Nuestros receptores sensoriales físicos -los oídos, los ojos, etc.- pueden considerarse “transductores” de información que convierten los estímulos externos -cambios de presión atmosférica, luz, etc.- en impulsos nerviosos reconocidos por el cerebro. Los científicos y los filósofos han avanzado muchos modelos conceptuales sobre lo que hace el cerebro con estos impulsos nerviosos para obtener conocimiento y significado[2] (C.f. Dobrian, Chris, “Music and Artificial Intelligence”, en relación con los modelos de cognición musical). Independientemente del mecanismo por el que nuestro cerebro lo logre, está claro que nosotros mismos generamos (interpretamos, deducimos, recordamos o creamos) información, estimulados por información externa.

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Por ejemplo, cuando oímos el rugido de un león, nuestro tímpano simplemente recibe cambios continuos en la presión del aire. La cóclea, según nos han enseñado, responde a las frecuencias y amplitudes de esos cambios y transmite esas respuestas al cerebro. Nuestro cerebro, por medios que desconocemos en gran medida (experiencia pasada, instinto, deducción, instrucción en el análisis de rugidos…) evalúa esas frecuencias y amplitudes que varían en el tiempo como un rugido de león. A continuación, nuestro cerebro obtiene más información sobre la fuente real del sonido y su significado. Una persona en un momento o lugar puede interpretar que el sonido significa “Mi vida está en peligro. Debo huir inmediatamente de la fuente de sonido tan rápido y tan lejos como pueda”. Una persona en otro momento o lugar podría buscar tranquilamente el dispositivo de grabación electrónico que produjo la simulación del rugido de un león. Una persona que nunca haya aprendido a asociar ese sonido con ninguna fuente concreta -por ejemplo, una persona que nunca haya escuchado un sonido similar- podría intentar compararlo con otros sonidos conocidos, o incluso podría permanecer despreocupada en cuanto a lo que produjo el sonido.

Términos del lenguaje musical

Cada entrada de nuestros sentidos es un estímulo que podemos interpretar como información[1] y del que podemos obtener más información. Nuestros receptores sensoriales físicos -los oídos, los ojos, etc.- pueden considerarse “transductores” de información que convierten los estímulos externos -cambios de presión atmosférica, luz, etc.- en impulsos nerviosos reconocidos por el cerebro. Los científicos y los filósofos han avanzado muchos modelos conceptuales sobre lo que hace el cerebro con estos impulsos nerviosos para obtener conocimiento y significado[2] (C.f. Dobrian, Chris, “Music and Artificial Intelligence”, en relación con los modelos de cognición musical). Independientemente del mecanismo por el que nuestro cerebro lo logre, está claro que nosotros mismos generamos (interpretamos, deducimos, recordamos o creamos) información, estimulados por información externa.

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Por ejemplo, cuando oímos el rugido de un león, nuestro tímpano simplemente recibe cambios continuos en la presión del aire. La cóclea, según nos han enseñado, responde a las frecuencias y amplitudes de esos cambios y transmite esas respuestas al cerebro. Nuestro cerebro, por medios que desconocemos en gran medida (experiencia pasada, instinto, deducción, instrucción en el análisis de rugidos…) evalúa esas frecuencias y amplitudes que varían en el tiempo como un rugido de león. A continuación, nuestro cerebro obtiene más información sobre la fuente real del sonido y su significado. Una persona en un momento o lugar puede interpretar que el sonido significa “Mi vida está en peligro. Debo huir inmediatamente de la fuente de sonido tan rápido y tan lejos como pueda”. Una persona en otro momento o lugar podría buscar tranquilamente el dispositivo de grabación electrónico que produjo la simulación del rugido de un león. Una persona que nunca haya aprendido a asociar ese sonido con ninguna fuente concreta -por ejemplo, una persona que nunca haya escuchado un sonido similar- podría intentar compararlo con otros sonidos conocidos, o incluso podría permanecer despreocupada en cuanto a lo que produjo el sonido.

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El lenguaje universal de la música

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Los lenguajes musicales son lenguajes construidos a partir de sonidos musicales, que suelen incorporar la articulación. A diferencia de las lenguas tonales, centradas en el acento, y de las lenguas silbadas, centradas en las flexiones de tono, las lenguas musicales distinguen tonos o ritmos. Las lenguas silbadas dependen de una lengua hablada subyacente y se utilizan en varias culturas como medio de comunicación a distancia o como códigos secretos. El concepto místico de un lenguaje de los pájaros intenta conectar las dos categorías, ya que algunos autores[¿quién?] de lenguajes musicales a priori han especulado sobre un origen místico o primigenio de las lenguas silbadas[cita requerida].

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